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Los Huicholes son una de las etnias mexicanas que ha logrado permanecer “pura” desde tiempos de la conquista española.

Se refieren a sí mismos como “Wirrárrica” Si bien, el origen de esta fascinante etnia huichol es incierto, lo que resulta indiscutible es que, durante el periodo de la Conquista, muchos sobrevivientes de diversos pueblos indígenas principalmente el huichol. Huyeron hacia el interior de la Sierra Madre Occidental, dentro del actual estado de Nayarit, para escapar de la conquista. Conservan hasta ahora costumbres muy antiguas, de las que están muy orgullosos y siguen viviendo bastante aislados.

 

El Arte Huichol es una forma de escritura, ya que, a través de las creaciones, los Huicholes nos cuentan sus historias y sus mitos. En cada artesanía el huichol deja un pedazo de su vida. Actualmente, se puede decir que no hay otro grupo étnico en México que conserven tan profundamente sus creencias, cultos y tradiciones como los Huicholes.

 

El origen del arte huichol radica en una tradición ancestral, la transcripción física de las imágenes visualizadas por los chamanes huicholes; inducidas por la ingestión del Peyote (hikuri), su cactus sagrado, permitiéndoles franquear el umbral de lo desconocido y así relacionarse con lo divino.

 

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El encuentro con el espíritu del hikuri

 

Cuentan los ancianos, que hace mucho, mucho tiempo en la sierra huichola se reunieron los abuelos para platicar de la situación en la que se encontraban. Su gente estaba enferma, no había alimentos, ni agua, las lluvias no llegaban y las tierras estaban secas.

Decidieron mandar de cacería a cuatro jóvenes de la comunidad, con la misión de encontrar alimento y traerlo a su comunidad para compartir fuera mucho o poco. Cada uno representaba un elemento, es decir el fuego, el agua, el aire y la tierra. A la mañana siguiente emprendieron el viaje los cuatro jóvenes, cada uno llevando su arco y su flecha. Caminaron días enteros hasta que una tarde de unos matorrales saltó un venado grande y gordo. Los jóvenes estaban cansados y hambrientos, pero cuando vieron el venado se les olvidó todo; comenzaron a correr detrás de él sin perderlo de vista.

El venado veía a los jóvenes y se compadeció. Los dejó descansar una noche y al día siguiente los levantó para seguir con la persecución. Así transcurrieron semanas hasta que llegaron a Wirikuta (desierto de San Luis Potosí y camino sagrado de los huicholes. Estaban justo en la puerta al lado del cerro de las Narices, en donde habita un espíritu de la tierra y vieron al venado que brincó en esa dirección. Ellos juraban que se había ido por ahí, lo buscaron, pero no lo hallaron. De pronto uno lanzó una flecha que fue a caer en una gran figura de venado formada en la tierra de plantas de peyote.

Todas juntas brillaban con el sol, como esmeraldas mirando a una dirección. Confundidos los jóvenes con lo sucedido, decidieron cortar las plantas que formaban la figura del venado (marratutuyari) y llevarlas a su pueblo. Después de días de camino llegaron a la sierra huichola donde los esperaba su gente. Se presentaron de inmediato con los abuelos y contaron su experiencia. Comenzaron a repartir el peyote (híkuri) a todas las personas que después de un rato los curó, alimentó y les quitó la sed.

Desde ese momento los huicholes veneran al peyote que a mismo tiempo es venado y maíz, su espíritu guía. Así cada año, hasta nuestros tiempos, siguen andando y peregrinando, manteniendo viva esta ruta de la sierra huichola hasta Wirikuta, para pedirle al Dios lluvias, sustento y salud para su pueblo.

Pampariusi (gracias en la lengua Wirrarika).

 

 

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